Protección contra los rayos solares
Actualizado por admin el Viernes, 8-Diciembre-2006

En general la gente habla de “protector solar” o “bloqueador solar” de manera indistinta, pero sí hay diferencias. Para entender bien las diferencias y cómo es que actúan sobre la piel, es necesario saber que hay dos tipos de rayos solares ultravioleta. Los del tipo A que tienen una longitud de onda de 400 nm a 320 nm y los del tipo B con una longitud de onda de 320 nm a 290 nm. Es bueno recordar ahora, que entre los rayos infrarrojos y los rayos ultravioleta se encuentran los rayos de luz visible, es decir, los UV y los IR son rayos de luz, pero no se ven a simple vista. Los rayos UVB son los que producen el enrojecimiento de la piel o eritema y el bronceado, los UA son los que producen cáncer.
Los protectores solares protegen la piel contra las quemaduras producidas por la exposición al sol impidiendo que los Rayos UV penetren en al piel, cosa que daña los tejidos cutáneos y pueden producir cáncer. Pero, los protectores solares no bloquean totalmente los rayos UV o sólo lo hacen parcialmente.
Los bloqueadores solares, son los protectores solares que cuyo factor de protección solar (SPF) es igual o mayor que 15 y que protegen contra los rayos IR tipo B. Por definición entonces, un protector solar que tiene un SPF menor que 15, no es un protector solar. Un bloqueador solar con un SPF de 20 a 30 bloquea totalmente los rayos solares, evitando las quemaduras y el bronceado de la piel.
Como los rayos ultravioleta pueden producir cáncer, es aconsejable que todas las personas utilicen protectores solares, desde los seis meses de edad consultando al pediatra para que recomiende lo más adecuado, independientemente del tipo de piel, puesto que todos los tipos de piel son afectados por la acción de los rayos solares. Es cierto que las personas con piel clara corren mayor riesgo de sufrir cáncer de la piel, pero en realidad todo el mundo corre algún riesgo. Según las investigaciones realizadas, los rayos UVA además de ser cancerígenos, pueden contribuir al envejecimiento prematuro.
Una buena forma de protegerse contra los rayos solares es dosificándolos. También ayuda el consumo de alimentos con altas dosis de antioxidantes como el betacaroteno, presente en frutas como la papaya, el mango y verduras amarillas o anaranjadas. Pero hay que tener en cuenta que el betacaroteno no es suficiente para evitar la acción cancerígena de los rayos solares.
El primer protector de piel se desarrolló en 1928 y contenía salicilato de benzil y cinamato de benzil. En la actualidad se utilizan compuestos orgánicos que absorben la luz ultravioleta y óxidos metálicos que reflejan la luz, pero además de ser protectores de amplio espectro deben ser resistentes al agua y al sudor, no deben contener substancias irritantes y deben contener humectantes para la piel.
La piel comienza a quemarse después de los 10 minutos de exposición. Para calcular el tiempo de exposición protegida debe multiplicarse el factor FSP del producto utilizado por 10 minutos. Luego de transcurrido ese tiempo se debe volver a aplicar el producto, pues no basta aplicarlo una sola vez. Tampoco se debe confiar ciegamente en los protectores solares porque recientes estudios han demostrado que no protegen tanto como se presumía de los rayos UVA que son los que causan el cáncer.
A los niños hay que protegerlos recordando que los bebés de menos de seis meses no deben exponerse al Sol, ni con sombrillas, porque el cemento y la arena reflejan los rayos ultravioleta. Tampoco es recomendable que los menores de tres años se expongan al sol y en general se debe evitar que los niños tomen el sol entre las 12 y las 4 de la tarde. También es bueno tener en cuenta, que no sólo en la playa se corre riesgo, porque la altura aumenta la incidencia de los rayos solares en 5% por cada 300 metros. De manera que la exposición en La Herradura, es menos peligrosa que en Huancayo.
Envenenamiento por ingestión de protectores solares
Los elementos tóxicos presentes en los protectores solares son:
Ácido paraaminobenzóico
Alcohol etílico (etanol)
Los síntomas son:
Fiebre (por la reacción alérgica)
Respiración lenta
Disnea (dificultad para respirar)
Irritación en los en los ojos, oídos, nariz y garganta
Salpullido
Náusea y vómito
Mareos
Estupor
Coma
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