Transporte

10/12/2006

en General

El problema más grave de la ciudad de Lima y de las demás ciudades importantes del Perú es, a la luz de la evidencia, el transporte público. Un servicio de transporte informal avalado por las autoridades, que por oscuros intereses lucen impotentes para resolver el problema. Si bien esta calamidad no se puede decir que haya sido promovida por los gobiernos, sí han sido los gobiernos los que han permitido que el transporte público, sea lo que es hoy.

carcocha
Una ciudad con más de 8 millones de habitantes…

Sólo viendo lo que pasa en las calles, es fácil deducir que nuestro transporte urbano ha sufrido la importación de los vicios del transporte interprovincial o mejor quizás, el transporte rural, que se ha venido a enquistar en Lima. Los vehículos destartalados, antihigiénicos, con música a todo volumen, los voceadores, que más son arreadores de pasajeros, su vestimenta y la de los choferes, el maltrato a los pasajeros y demás características, son una importación de usus y costumbres del transporte rural. Si, acaso hay una pequeña diferencia, es que aún las combis y micros no transportan pasajeros con gallinas, patos y carneros, pero aparte de eso, sí están omnipresentes, los vendedores de golosinas, los vendedores de baratijas, cantantes, payasos, contadores de chistes, incapacitados mendigando la ayuda que el estado no les da, pordioseros; gente de mal vivir, esperando una oportunidad, en fin, toda una plétora de personajes a cada quien más desagradable. Otra cosa que no ha sido transplantada aún, son los camiones para transportar personas. Ni más ni menos, salvo las diferencias anotadas, son los ingredientes del transporte público limeño importado de las zonas rurales del país.

La importación de costumbres, o más bien, la exportación del transporte público de los pueblos de las provincias, hacia la ciudad de Lima, con la gente que lo hace funcionar incluida, es el primer mal de nuestra ciudad. Esa emigración campesina que fue causada por el terrorismo, y que ahora promovida por el gobierno con el programa Mi Vivienda, trajo a Lima sus costumbres, para convertirse en un problema sin aparente solución. Combis, micros, taxi-cholos y buses en carrocería de camión, afean la ciudad, que luce cual mercado persa, para provecho de quienes obtienen beneficios con las autorizaciones para su funcionamiento.

Bus
… Puede tener algo como esto…

Aparte de que las rutas del transporte público están claramente marcadas en los frentes y los lados de los vehículos, los cobradores-voceadores-arreadores sacan cartelitos y además le gritan a todo el mundo lo que el cartelito dice. Pero entonces, ¿por qué escribir las rutas alrededor del vehículo, y gritar a voz en cuello lo que el cartelito dice? ¿Es acaso Lima un mercado de persas ciegos, sordos y analfabetos? Porque de lo contrario, todo eso no tiene explicación y escapa a todo razonamiento.

Que eso pase en un pueblo perdido de la sierra, es comprensible, pero que suceda en una capital de departamento o la misma capital del país es inadmisible. Es cierto que desde mediados del siglo pasado, comenzaron a aparecer los colectivos, que en cierto modo también eran una informalidad, comparada con la formalidad de los ómnibus que cubrían las rutas urbanas, Cocharcas-Jesús María, Plaza México-Cinco Esquinas, Lima-Callao, etc. etc. Y el tranvía! Al genio que se le ocurrió eliminar el tranvía, cosa que tenía sentido por su poca capacidad y su lentitud, y a los defensores de esa idea, no se les ocurrió primero en la manera de reemplazarlos por un servicio rápido de transporte masivo. Demasiado pedir para el cerebro de nuestros trasnochados políticos. Luis Bedoya Reyes, que fue alcalde de Lima dos veces, trajo unos buses, pero no fueron suficientes, ni tuvieron presupuesto para mantenerlos en buen estado. Fue sólo un “curita” para un cáncer en gestación.

Bus
… o como esto…

Pero el servicio de colectivos era en buena medida y aceptable, a pesar de que era también una competencia desleal con los servicios de ómnibus que existían. En muchas rutas, como Lima-Callao o Lima-Chorrillos, los colectivos prestaban un servicio rápido ante la inexistencia del mencionado transporte masivo de alta velocidad. Lo garve fue, que por causa de ese “remedio a medias”, comenzaron a desaparecer los paraderos y el respeto que tenían los ciudadanos por los paraderos. Primero fue la parada en la esquina y luego, donde sea, y el tránsito se complicó debido a los colectivos deteniéndose intempestivamente en cualquier parte y acelerando o disminuyendo la velocidad, dependiendo del número de pasajeros que transportaban.

Actualmente todo el servicio público es informal y vergonzoso, atenta contra el ornato de la ciudad y contra a salud de los ciudadanos. La apariencia, el trato, el vocabulario, las actitudes de los transportistas, sumado al aspecto y condiciones de los vehículos son totalmente inaceptables.

La informalidad del servicio público les permite, que quienes explotan esos servicios no paguen impuestos. Las municipalidades perciben ingresos provenientes de los tributos municipales recaudados por la emisión de los permisos para las líneas, pero no se sabe adonde van a parar esos ingresos. El conflicto entre dos municipalidades peleándose los tributos, causados por el otorgamiento de los permisos a las líneas de transporte es harto conocido, pero eso no ha beneficiado completamente a la ciudad, porque el número de vehículos es el mismo y el servicio que prestan sigue siendo igual de malo. Es decir, por lo que vemos a diario, hay indicios para pensar que a las municipalidades, no les conviene que las cosas cambien.

Subway
… incluso como esto…

Las tarifas no existen de hecho. No se sabe cuanto cuesta el pasaje, si S/.1.00 ó S/.1.20 ó S/.1,40. Existe una norma que establece el pasaje único, pero los transportistas simplemente la ignoran y cobran lo que les parece, y por qué no decirlo, lo que el público está dispuesto a pagar también. Cuando el viaje es “aquisito nomás” el precio es S/.0,50, pero si se pasa de ciertos límites, la tarifa sube a S/.1 ó más. Sin embargo, si el pasajero que va “aquisito nomás”, paga con una moneda de S/.2 ó S/.5, se fregó, porque el vuelto será 1 ó 4 soles, si no es menos. El abuso depende, del aspecto y condición del pasajero, pues si se le ve una persona indefensa o sobre todo, si es mujer y mayor de edad, le cobran cualquier cosa, pero si el pasajero es “caserito” ya hay un entendimiento de facto.

En el transporte público de Lima, no hay una administración cabal de los ingresos. No la puede haber, porque no existen los boletos, ni los inspectores, personal que hace 50 años sí existía y en la mayoría de las veces usaba cuello y corbata. Los cobradores-voceadores,arreadores de gente, en la actualidad, dan unos boletos cuando le viene en gana, pero de una manera que muestra la evidencia de que nadie les pide cuentas por los boletos vendidos. En todo ese tejemaneje informal, se presentan además unas situaciones que lindan con los actos delincuenciales. Por ejemplo, en la ruta La Molina-La Punta, hay líneas que no cubren toda esa extensa ruta, sino que van hasta El Callao. Algunas líneas, no están autorizadas a ingresar a La Punta, pero los facinerosos, vocean y sacan el cartelito de La Punta en la avenida Javier Prado y cuando el ingenuo pasajero, sube sin haber visto los letreros pintados al frente del vehículo (donde no aparece La Punta), entonces, se fastidió. Llegando a la Plaza Grau del Callao, el cobrador y el chofer, cualquier cosa inventan para abandonar a los pasajeros y dar media vuelta, después de haber cobrado la ruta completa. Este abuso se comete a lo largo de las rutas largas y no hay nadie que remedie eso, que es muy fácil de corregir. Sólo basta que la policía revise los carros y meta presos, a los delincuentes que cargan cartelitos con nombres de lugares a los cuales no están autorizados a recorrer, pues con eso se pueden cometer hasta delitos.

Monoriel
… porque sí se puede…

¿Quién protege al ciudadano, usuario de estos servicios? ¿Quién le paga el lavado de ropa y la asistencia médica? Porque viajar en micro, combi, bus o taxi, es un atentado contra la salud, de eso nadie puede tener duda. Los micros apestan a orines y tierra, están sucios en extremo, la contaminación sónica es espantosa, porque las carcochas hacen más ruido que el permitido por cualquier norma de transporte, las ventanas que muchas veces no se pueden abrir o cerrar, trepidan y ensordecen, amén del radio a todo volumen, los gritos del voceador y el maltrato causado por los asientos. A eso se suma los defectos en frenos, suspensión y amortiguación del vehículo que “normalmente” están en mal estado. Todas esas carcochas, tienen más asientos que los que pueden llevar y como consecuencia de ello, las piernas de cualquier persona adulta, no caben entre el propio asiento y el espaldar del de adelante. Muchas de esas carcochas viajan ladeadas o torcidas y por tanto los pasajeros sufren maltratos en la columna y cadera. No se puede omitir, la forma como manejan los choferes, por supuesto que eso es también un atentado contra la vida y la salud de las personas, porque la mayoría de ellos manejan sin consideración por los pasajeros, quienes tienen que hacer malabares, para evitar salir despedidos, como suele ocurrir, sin que nadie tenga derecho a quejarse. Todo esto forma parte de la seguridad ciudadana, pero Indeci, no se da por enterada. ¿Es que nadie ha visto nunca a un micro, combi, taxi o bus, con pasajeros dentro, parar en un grifo a cargar combustible? ¿A alguien le importa el peligro que corren los pasajeros en esa situación?

El estado de los asientos, de micros, combis, buses y taxis, merecen capítulo aparte. Quienes los han fabricado, no conocen el significado de la palabra ergonomía, aparte de que, por el deterioro, tienen huecos, protuberancias y rasgaduras que maltratan al pasajero. El ancho de los mismos, no tiene relación con ninguna norma, excepto la norma de que cuantos más pasajeros entren es mejor, pero no para el pasajero, por supuesto. La mayoría de las personas tienen que apretujarse en su puesto, sentarse de medio lado o usando una sola nalga, porque resulta imposible hacerlo con las dos. No puede ser, que los pasajeros tengan que sentarse en asientos adaptados en la parte delantera del vehículo, donde se inventan espacios para incluir hasta media docena o más de pasajeros enlatados al lado del chofer y encima del motor diesel. Es ridículo, que se haya exigido el uso de cinturón de seguridad para el asiento delantero derecho, cuando entre ese asiento, el del chofer y los que siguen, se instalan otros para cargar más pasajeros, violando así toda norma y sentido común, sobre la seguridad.

… es cuestión de gerencia, autoridad y honestidad…

Todo eso es informalidad y síntoma del peor de los subdesarrollos. Informalidad con la venia de los municipios, del Ministerio de Transportes y Comunicaciones y de la incapacidad policial, aunque no es culpa de los policías por supuesto. Debería ser obligatorio, que toda la plana mayor de las municipalidades y de los ministerios, incluyendo los alcaldes y ministros, viajen en servicios públicos. Como no se puede esperar que a las autoridades les importe mucho el ornato de la ciudad o el bienestar de la gente, el sufrir en carne propia las consecuencias del transporte público, podría servir, para que tomen las medidas que hace años deberían haberse tomado.

Los buenos ejemplos deben imitarse.


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