De la “combi” al tren subterráneo

10/12/2006

en General

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Mucho se habla sobre lo que le conviene a Lima, que si buses de alta capacidad, que si metro subterráneo, que si tren de superficie y muchas otras ideas más. La mejor solución para una ciudad, es el tren subterráneo porque evita la contaminación, descongestiona la ciudad y es veloz. En cualquier metrópoli con tren subterráneo el aspecto de lo que era antes y después de construido es impactante. Esa diferencia sólo se recuerda cuando por alguna razón el metro suspende el servicio y los miles de personas que normalmente circulan bajo tierra, afloran a la superficie. Pero efectivamente, construir un tren subterráneo es muy caro y demoran mucho tiempo en ejecutarse las obras que involucran redes de agua, electricidad, teléfonos etc.

Los buses de alta capacidad no resuelven completamente el problema principal porque no descongestionan las calles, contaminan el ambiente porque queman combustible a menos que fueran buses eléctricos (trolebuses) lo que nos llevaría a contrastarlo con el tren. En todo caso el bus de alta capacidad, por ser lento, no es conveniente en una ciudad tan grande como Lima, a menos que primero se descongestionara el tráfico con vias elevadas y dieran servicios sin paradas cortas. En caso contrario, me imagino lo que duraría un viaje desde El Callao hasta Chorrillos, en un bus con capacidad de 300 personas parando cada tantas cuadras. Eso es un disparate, porque no nos ayuda a desarrollarnos. Sin embargo ese tipo de bus, sí es complementario a un servicio de transporte de alta velocidad y alta capacidad, para suplir rutas alternas.

La mejor solución para una ciudad como Lima, es obvio que es el tren subterráneo, porque la topografía del terreno lo facilita, debido a que la ciudad es plana y amplia. Por tanto, no hay muchos problemas serios de ingeniería que deban resolverse. Pero como es muy costoso, no es factible y no quisiera pensar en la cantidad de restos arqueológicos que se encontrarían y que suspenderían la construcción hasta que se cumplieran los consabidos estudios arqueológicos. No creo que sea necesario mencionar, por ejemplo, la prolongación de la avenida Javier Prado que tiene inutilizado uno de los estadios más modernos del mundo y que parece que a nadie le importa, amén de la ampliación de una de las vías más importantes de nuestra ciudad.

Para evitar los problemas mencionados, de costo y dificultades de construcción, la solución que queda es la del tren elevado. Ese tipo de construcción es más económica y más fácil de ejecutar, tanto es así que la construcción de las partes prefabricadas se lleva a cabo fuera de las calles y sólo se interrumpe el tránsito por tiempos cortos para ensamblarlas en el sitio durante la noche. Pero lo que es más importante, es que no es necesario romper las calles y sacar miles de toneladas de tierra como ocurre con la construcción de un tren subterráneo, ni es necesario interrumpir servicios de agua, teléfono o electricidad, salvo en casos puntuales.

La pregunta es ¿por qué no es posible que en nuestro país se haga un concurso público internacional para que se puedan otorgar concesiones de construcción y operación a 20 ó 30 años a aquellas empresas especializadas que existen en Inglaterra, Italia, Francia o Alemania? ¿Es que a esas empresas no les interesa ese tipo de inversión en una ciudad de más de 8 millones de habitantes? ¿O es que hay oscuros intereses que impiden que eso se pueda hacer? ¿Quiénes se benefician con el caos de nuestro transporte?

Nuestro país, apenas importa 1/3 del petróleo que necesita y con el gas de Camisea dejará de ser dependiente de esas importaciones. ¿Quién se beneficia con la importación de petróleo y el alza de los precios de todos los combustibles alegando que el precio internacional sube? Si en Venezuela se exporta el petróleo a precios internacionales y los combustibles en el mercado nacional en ese país se venden a precios regalados, ¿por que en nuestro país suben los precios de los combustibles como si importáramos el 100% del petróleo que consumimos? Es evidente que hay oscuros intereses detrás del problema de la energía en nuestro país. En vez de pensar en exportar el gas de Camisea deberían nuestros genios políticos pensar en invertirlo en infraestructura, cuando menos construir un tren de norte a sur y ampliar la red de ferrocarriles al interior mejorando la vialidad con nuevas y amplias autopistas, porque no sólo se necesitan trenes, sino también un transporte automotor moderno y renovado.

El último país en Sudamérica que construyó su tren subterráneo fue Venezuela con el Metro de Caracas. Pues bien, la construcción duró varios años y la gente sufrió pacientemente el caos vehicular en una ciudad cuya superficie es de menos de 1/3 la extensión de la de Lima y con apenas unos 3 millones de habitantes, pero saturada de vehículos. El transporte en esa cuidad era igual o peor que el de Lima en esa época, por tanto, dos años antes de inaugurar el servicio del metro subterráneo, hicieron una campaña de educación para enseñar a la gente a comportarse y cuidar esa obra. En Lima, dicen que la Municipalidad está trabajando en solucionar el problema con buses, pero no veo que haya una campaña educativa en ese sentido.

Cuando en Venezuela comenzaron construir el Metro, empezaron un programa de preparación de personal, no sólo para el servicio de trenes sino para el servicio del Metrobus que era complementario, como debe ser. El requisito era, que los postulantes tuvieran educación secundaria. ¡Horror! ¡Y que va a pasar con los choferes que manejan los colectivos y destartalados buses! ¡Eso va a traer problemas con los gremios de transporte! No pasó nada. Los viejos transportistas se fueron a cubrir otras rutas y se descongestionó en algo la ciudad. Como consecuencia, el personal que maneja los buses que pertenecen al servicio del Metro de Caracas son personas educadas, entrenadas para prestar un servicio público con un mínimo de calidad. Como efecto colateral, los viejos transportistas del servicio de buses y micros, en cierto modo se civilizaron al ver que la gente prefería el Metro.

¿Fue el metro de Caracas la panacea que resolvió el transito en esa ciudad? No, no lo fue, porque la capacidad del tren subterráneo resultó subdimensionada, cosa que no es de extrañar porque así somos los latinos, expertos en las soluciones a medias. Pero sí resolvió en parte el problema del transito y mejoró la rapidez para trasladarse de un lugar a otro. Si en Venezuela, algún político trasnochado hubiera impuesto la idea de un bus de 300 pasajeros, actualmente el caos sería de tal magnitud que sólo podría realizarse una diligencia al día en vez de dos, una en la mañana y otra en la tarde, que es el máximo que pueden hacerse en esa ciudad porque el tiempo no te permite más.

En conclusión, primero, la mejor solución para Lima es un tren eléctrico elevado y no un bus de alta capacidad. Segundo, para las rutas alternas, el bus de 300 ó 150 pasajeros es imperioso, además de otros de menor capacidad, complementario al anterior. Tercero, sin una educación tanto de los choferes como del usuario, ningún sistema de transporte es suficientemente bueno.


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