Eva del edén

08/12/2006

en Industria

La telenovela Eva del Edén está ambientada en una época, que según nos cuenta la historia…

El III Virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete fundó la ciudad que desde 1556 lleva su nombre. Corría el año de 1560 en Lima, La Ciudad de los Reyes, cuando el mismo Virrey construyó un hospital para hombres y otro para mujeres. En el primero, se depositaron las momias de varios de los Incas y de sus mujeres, enviadas del Cusco por el Corregidor Licenciado Polo de Ondegardo, “para que no sirviesen allí de objeto de idolatría por parte de los indios”, las que se enterraron después en un corral de dicho hospital.
Diego López de Zúñiga y Velasco
Durante el gobierno de ese Virrey, murió el Emperador Carlos V, por quien se celebraron en Lima las primeras exequias reales. No era tiempo de que el Virrey fuera relevado de su cargo cuando fue sorprendido por la noticia de que el nuevo Rey de España, Don Felipe II, desfavorablemente prevenido hacia él por las quejas y relatos de los capitanes que él mismo enviara a España, le había nombrando un sucesor. Don Felipe II decidió que el próximo Virrey del Perú, sería don Diego López de Zúñiga y Velasco, caballero de la orden de Santiago, IV conde de Nyeva. Nombrado Virrey a fines del año de 1560, el conde de Nyeva salió de España y sin detenerse mucho en Panamá debido al intenso calor, llegó al Perú, desembarcando en Payta (hoy Paita) en Febrero del siguiente año. Desde allí, por medio de un correo, notificó su llegada al Marqués de Cañete dándole el tratamiento de Señoría y negándole el de Excelencia, pues pretendía que no había en el virreynato más Excelencia que él. Esa y otras fútiles cuestiones de etiqueta con su anciano y respetable predecesor, le detuvieron allí, hasta que, con la noticia del fallecimiento de éste, ocurrida el 30 de Marzo de 1561, muerte que tal vez él mismo precipitó con sus impertinencias, apresuró su viaje, entrando en Lima el 17 de Abril de 1561. El cadáver del Marqués de Cañete fue sepultado temporalmente en la iglesia de San Francisco y luego trasladados a Cuenca en España.

Durante el gobierno del Conde de Nyeva, IV Virrey del Perú, fue fundada la ciudad de Santiago del Estero en la provincia del Tucumán (hoy en Argentina), por Francisco Aguirre en 1562. Fundó ese mismo año por Cristóbal de Valverde, también la ciudad de Ica (hoy conocida por ser la cuna del Pisco, licor de uva cuyo nombre proviene del Puerto de Pisco en Ica, famosa desde entonces por sus viñedos); y la villa de Arnedo, hoy Chancay, a la que dio ese nombre en recuerdo de aquella de que era Señor en España, y que fundó con el propósito de trasladar a ella la Universidad.

Durante la administración del Conde de Nyeva, fue construido un colegio para niñas pobres, bajo la protección de Nuestra Señora de Atocha, por doña Ana de Solórzano en 1562; el 13 de marzo de ese mismo año fueron trasladadas las monjas de la Encarnación, al local que hoy ocupan y un hospital para leprosos llamado San Lázaro, por Antón Sánchez en 1563. Comenzó la construcción de los portales que rodean la Plaza Mayor (destruidos durante el terremoto del 20 de Octubre de 1687, para ser reconstruidos después) y la de un acueducto, para traer agua de los manantiales recientemente descubiertos cerca a la ciudad de Lima, para lo cual se creó la contribución llamada de Sisa. En cuanto a sus actos administrativos, el principal fue el protocolo detallado de las ceremonias oficiales, las precedencias, los tratamientos y todas las minuciosidades de la más refinada etiqueta cortesana.

El 01 de Febrero de 1564, fueron sorprendidos los vecinos de La Ciudad de Los Reyes, con la publicación de un bando por el que se prohibía á todos los transeúntes y habitantes de la ciudad, salir a la calle con capa y sombrero chambergo, después de las diez de la noche, bando que fue bien pronto tristemente explicado. En efecto, el día 20 del mismo mes, y a eso de las doce de la noche, cuatro figuras enteramente embozadas, no obstante lo prescrito en el citado bando, se deslizaban de la plaza de la Inquisición (donde hoy está el Congreso) hacia la calle de los Trapitos, y se apostaban pegados a la pared fronteriza a la de la casa que fue hasta nuestros días fue solariega de los Manrique de Lara y en cuyo lugar se eleva hoy la de los señores Olavegoya. Dicha calle es aún ahora y lo era mucho más en esa época, una de las más solitarias de la ciudad: la cuadra no tenía ninguna puerta y la formaban las paredes de cuatro casas cuyas fachadas daban a otras calles. Al poco rato, de uno de los balcones de la casa antes mencionada, fue arrojada una escala de cuerda y comenzó a descender por ella un hombre arrebozado en su capa; cuando ya estaba cerca del fin y pocos pasos le faltaban para poner pie en tierra, se lanzaron sobre él los cuatro individuos escondidos en el lado opuesto y lo golpearon repetidamente con pequeños sacos de arena, hasta matarlo, huyendo entonces precipitadamente.

Esta tragedia tuvo por único testigo a un caballero que tomaba el fresco en un balcón de la casa solariega de la ilustre familia de Zarate, que se supone fundadamente, era don Pedro de Zarate, hijo del Licenciado don Pedro Ortiz de Zarate, Oidor de la Primera Audiencia de Lima, que estaba casado con doña Isabel de Rivera, hija del conquistador Nicolás de Rivera, El Viejo, el cual al ver lo que pasaba, bajó al punto del balcón, llamó a sus esclavos y acudió con ellos y con linterna al lugar del suceso; pero cuando llegaron al sitio, la calle estaba desierta y sólo había en ella un cadáver. Lo alumbraron con la luz de un farol y descubrió con bien comprensible asombro, que era el rostro mismo del Excmo. Señor Conde de Nyeva. Lo cubrió en el acto con la capa que le envolvía y lo hizo cargar por sus esclavos, conduciéndole a una habitación de su casa, y, encerrándolo en ella. Inmediatamente fue a despertar a 3 de los Oidores y les dio parte de tan terrible y extraño acontecimiento

Todos se reunieron en casa de su decano don Juan de Saavedra, y acordaron trasportar sigilosamente el cadáver del Virrey a palacio, colocarlo en su lecho y esparcir la voz de que había muerto de una apoplejía fulminante, para evitar el escándalo. Así lo hicieron realmente, pero aunque entonces todos se dieron por engañados, nadie lo fue ciertamente, corriendo la noticia de boca en boca con todos sus detalles, que así han sido asentados en la historia.

Asegura enfáticamente Mendiburu, (Oic. tist. y bioí. tomo 4, pág. 20) que fue don Rodrigo Manrique de Lara, esposo de doña Catalina López de Zúñiga, prima del Virrey asesinado, y que fue esta dama la causa de su trágico fin. Pero sea ó no así, lo cierto es, que “la Audiencia, bien “instruida de las circunstancias del hecho que había motivado la muerte del Virrey, no se halló con fuerzas para “proceder contra los autores de ella y conociendo el gran “peligro que corría el orden público el intentar siquiera la “prisión de las personas responsables de tamaño atentado, “resolvió en secreto no dar paso ni la menor señal de inteligencia en tan grave materia y comunicar a la corte “los antecedentes y pormenores del caso.” (Mendiburu. “Op. Cit.)

El cadáver del Conde Nyeva fue sepultado en la cripta de la iglesia de San Francisco y trasladado después a España.

Referencia: Raúl Porras Barrenechea, Rubén Vargas Ugarte, Historia General de los Peruanos 2.


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