Las líneas de alta tensión y la salud
Actualizado por admin el Viernes, 8-Diciembre-2006

Toda corriente eléctrica genera campos eléctricos y magnéticos. El campo eléctrico es proporcional al voltaje y el campo magnético es proporcional a la corriente. Para que se entienda claramente, el voltaje es similar a la cantidad de agua que hay en un tanque y la corriente es la fuerza con que baja por la cañería. En la corriente alterna de nuestras casas, la dirección de la corriente cambia 60 veces por cada segundo.
Los campos eléctricos pueden ser blindados o aislados, por ejemplo con el recubrimiento aislante de los cables, mientras que el campo magnético es mucho más difícil y costoso de aislar y en muchos casos es prácticamente imposible. Las líneas eléctricas enterradas bajo tierra generan campos magnéticos más débiles que los generados por los cables que están al aire libre. Esto ocurre por el diseño y no porque la tierra elimina ese campo. En cualquier caso, la mejor forma de reducir el campo magnético es aumentando la distancia que nos separa de los suministros de energía, incluyendo los utensilios eléctricos.
Las líneas de fuerza eléctrica incluyen las líneas de transmisión montadas en torres metálicas y las líneas de distribución montadas en postes de madera o concreto. Las líneas de transmisión generan fuertes campos eléctricos y magnéticos, mientras que las líneas de distribución generan campos relativamente más débiles dependiendo el número de casas a las que suministran la energía.
Los estudios hechos en seres humanos han demostrado que los campos eléctricos y magnéticos que se encuentran dentro de las casas y oficinas no son lo suficientemente intensos como para causar daños a la salud. Pero sigue siendo una incógnita si la exposición permanente y continua a campos débiles es o no perjudiciales a las personas, pues no hay suficiente evidencia que así lo confirme. Sin embargo, los estudios de laboratorio en animales y cultivos de células muestran que campos débiles pueden tener efectos sobre diferentes procesos biológicos, por ejemplo pueden alterar las hormonas y los niveles de enzimas y el ritmo del movimiento de algunos químicos en los tejidos vivos.
Por sí mismos estos cambios no parece ser un peligro para la salud, pero no se sabe si a largo plazo pueden ser causa de un incremento en la incidencia del cáncer u otros efectos adversos a la vida. Sólo en algunos estudios realizados en Europa, Estados Unidos, Japón y Australia, los efectos de esos campos han causado una incidencia en el aumento del cáncer en animales de laboratorio.
Algunos de esos estudios han reportado que niños que han vivido cerca a líneas de transmisión de alta corriente y en líneas de distribución, han tenido incidencias de cáncer mayores. Igualmente, otros estudios han llegado a la conclusión que adultos expuestos a líneas de alta tensión han sufrido una incidencia mayor de la enfermedad, que aquellos que no se han expusto a ese tipo de radiación.
Otros estudios han llegado a la conclusión de que no hay resultados contundentes, pero que el nivel de incertidumbre es alto. Finalmente otros estudios demuestran que no hay aparente causa de asociación que niegue o confirme la posibilidad de daño a la salud.
En el caso de mujeres embarazadas, los estudios tentativos han dado como resultado que las posibilidades de embarazos riesgosos son más altos que el que se presumía. Se deben tomar medidas de precaución, por ejemplo no utilizando una frazada eléctrica para dormir, sino calentando la cama con la frazada antes de uno acostarse y apagándola al irnos a la cama. También se puede mover la cama de una pared cercana a una fuente de energía y viendo el televisor o el monitor de la computadora a cuando menos unos 50 cm de distancia.
A pesar que los estudios no son concluyentes, los organismos internacionales de salud recomiendan evitar los campos magnéticos, en especial aquellos causados por las líneas de alta tensión, subestaciones, transformadores aéreos y líneas de transmisión y de distribución eléctricas. Los ciudadanos están en pleno derecho de exigir que las líneas de alta tensión y los transformadores se encuentren alejados de sus viviendas. En nuestro país, donde generalmente las líneas de transmisión y de distribución están instaladas al aire libre y en muchos casos cercanas a viviendas, constituyen un atentado contra la salud, que el gobierno tiene la obligación de corregir y los ciudadanos tenemos el derecho de exigir que se corrija.
En la década de los 80, en Estados Unidos, varios estados tomaron medidas al respecto y hubo muchos casos de demandas contra las empresas de electricidad por instalaciones aéreas cercanas a viviendas. La revista The Economist publicó un estudio de la Universidad de Colorado mostrando un cuadro de 344 niños que murieron de cáncer después de vivir cerca a líneas de alta tensión contra una muestra de control de otros 344 niños sanos que nunca sufrieron esa enfermedad. En esa década en Florida donde las demandas fueron numerosísimas, el gobierno federal de ese estado fue uno de los primeros en regular ese tipo de instalaciones. Un caso patético fue el ocurrido en una ciudad norteamericana donde todos los niños que acudían a un parque donde fue instalada una subestación al aire libre, enfermaron de cáncer al cerebro.
En Lima, ejemplo de esas líneas de alta tensión que cruzan la ciudad son las que se encuentran en la Av. La Marina, entre la Av. Escardó y hasta la altura del mercado artesanal en la cuadra 7, a partir de donde la línea prosigue bajo tierra. Los ejemplos de líneas de distribución se ven en casi todas las calles de Lima donde como telarañas de dos especies de arácnidos, las empresas de electricidad y la de teléfonos, afean la ciudad y atentan contra la salud de los ciudadanos. No es culpa de las actuales autoridades municipales que esa línea de alta tensión venga desde la Avenida Faucett cruzando Maranga, porque eso fue culpa de quienes estaban en la Municipalidad de Lima en la época que proyectaron dicha avenida y urbanización. Lo que es obligación de la Municipalidad de Lima, es darle plazo a las empresas de electricidad para que comiencen a enterrar las líneas, como corresponde a una ciudad del siglo 21